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jueves, 17 de febrero de 2005

Ronaldinho siempre gana a Beckham

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Estaba lo más granado del fútbol mundial. Recaudar fondos por los damnificados del tsunami así lo merecía. Fueron llegando al Camp Nou los mejores cracks, los elegidos. Shevchenko, Henry, Kaká, Del Piero, Zidane... Echaban un vistazo a la pizarra, veían de qué iban a jugar y cuántos minutos y se iban directos al vestuario para ponerse la equipación que un trabajador de Adidas había colocado cuidadosamente al lado de las taquillas. Pero fue cuando se intuyó la figura de David Beckham por los pasillos del Estadi que se produjo el momento de máxima expectación.

Hubo revuelo, hasta nervios entre los empleados, acostumbrados a tratar con principales figuras (lo son los jugadores del Barça) pero no a ver tan de cerca al paradigma de jugador-anuncio. Al metrosexual. Al futbolista más rentable del mundo publicitariamente. Cuentan que el inglés se hizo fotografías con todo aquel que se lo pidió, que no se negó a nada y que repartió sonrisas... con humanidad de autómata. Es su vida y lo sabe.

En el otro vestuario estaba Ronaldinho, el de la risa auténtica. Más feo, es verdad, pero al que Rijkaard debió sustituir superado el descanso porque el hombre no sabe decir no a un partido de fútbol. Otros futbolistas que fueron sustituidos acabada la primera mitad se fueron directamente al aeropuerto, casi antes de que el árbitro pitara el inicio de la segunda parte. Cogieron un poco de fruta y bebida preparada por la organización y se fueron volando a su casa.

La representación del Milan tuvo un comportamiento ejemplar. Fue el club que más jugadores, al margen del Barça, aportó al benéfico encuentro. Se repartieron sus cinco jugadores en los dos equipos (Dida, Kaká y Cafú en el de Ronaldinho; Kaladze y Shevchenko en el suyo propio) e incluso viajaron con dos de sus masajistas, lógicamente divididos también: uno controlaba a los vestidos de rojo y el otro, a los azules. El Milan no deja nada al azar.

A Marcello Lippi, seleccionador italiano, no le sorprendió el asunto porque sabe cómo las gastan los 'rossoneri'. Lippi, por cierto, rompió con su imagen de seriedad mostrando gran simpatía. En el descanso no perdonó. Se retiró unos minutos para no incordiar con el humo y encendió un pedazo de puro. Recordó una estampa ya caducada: la de Van der Lem.

Al final del encuentro Lippi, como los demás entrenadores invitados al evento (Parreira, Wenger y por supuesto Rijkaard) fueron saludados uno por uno por Samuel Eto'o, brillante dentro del campo (el regate a Iker Casillas fue para enmarcar) y por supuesto fuera.

Los empleados, también cracks
De auténticos cracks fue el detalle de los aproximadamente 250 empleados del club que colaboraron la noche del martes para que el partido fuera un éxito organizativo. Decidieron donar parte de su salario para destinarlo al fin por el que se llevó a cabo el partido. Reunieron 5.000 euros

Fuente: Mundo Deportivo.

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